¿Alguna vez les paso que haciendo algo, cualquiera que sea
la acción, en un despiste quedas a merced del ridículo?
Jajaja, Les estoy escribiendo a penas 15 min después de
estar en dicho papel protagónico, pero, permítame contarles.
Es jueves 11 de septiembre, 4:40 PM y es uno de esos días
cansones. Productivos sí, Pero cansones, llega el momento en el que hago una
pausa en mi lectura del interesante libro (Maximice su potencial, de Myles
Munrroe), para ir por un poco de agua y café, antes de venir a plasmar ideas en
un nuevo trabajo de producción.
Sucede que el chico muy atento a mi orden, sirve el café,
cuando trato de hacer la magna proeza de tomar el vaso, justo me distraigo con
un fulana puerta que se abre en el local de al lado, como resultado despierto
de mi pequeña distracción y capto que el café no solo está sobre mí, si no,
también sobre la única franela que traigo conmigo antes de mi siguiente
compromiso, el servicio de oración en la iglesia y una reunión con el equipo
con el que estamos llevando la nueva producción.
EL PUNTO INTERESANTE:
Sé que algunos de los que leen y leerán esto estarán
diciendo, ¡Gran cosa! Así como otros al igual que yo entenderán la “tragedia”
que visito mi vida un duro día.
Lo que me lleva a escribirles sobre mi accidentado y
vergonzoso momento (Había mucha gente y estaba en el centro comercial más
importante de mi ciudad) es el hecho de que si no me hubiera distraído, hubiera
yo bebido tranquilo mi café y hubiera cumplido con la meta de disfrutar mi lectura,
además de no complicar el resto de mis responsabilidades).
DISTRACCIONES:
Todos los días están marcados por decisiones, HASTA EL QUE
NO HACE NADA, ¡Decide! NO HACER NADA.
Como hijos de Dios es nuestra intención llegar a nuestra
meta de obedecerle, agradarle, cumplir con nuestro propósito en la tierra y
estar preparados para su venida, pero continuamente nos distraemos con
facilidad.
Jonás tenía un propósito, una orden dada que lo guiaría a
cumplir en obediencia, ¿qué paso? Se distrajo al querer hacer las cosas a su
modo y termino al igual que yo, quemado por el café.
POR ULTIMO:
Quemado y avergonzado, trate de ver quien me veía, Y cuando
alcance a ver que tenía más público que Luis Miguel en un concierto gratis para
300 mil personas, note que con sus ojos me decían “QUE TONTO ESTE TIPO”,
entonces pensé… ¡No soy lo que ellos creen!





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